Categorías
Conectar con el cuerpo

Expande tu conciencia y trabaja en ti mismo.

El expandir la conciencia lleva tiempo y dedicación, sobre todo cuando nos encontramos inmersos en una sociedad que corre de un lado al otro cumpliendo con horarios y responsabilidades. Es por esta razón que generalmente se toman 21 días para meditar: 21 días que te ayudan a lograr el hábito y la constancia para vivir una vida meditativa a plena conciencia.

De eso se trata: de generar un hábito.

La meditación me guía en el camino a la expansión de mi conciencia; crea un espacio que me permite registrar lo que mi cuerpo está expresando. No la uso como escapatoria de mis problemas, de mi estrés, de mis incertidumbres o miedos, sino todo lo opuesto: medito para ver con más claridad.

Incluso si ese estrés—el cual acapara toda mi atención—es negativo o positivo, trabajo en meditar para relajar y fluir lentamente, a plena conciencia.

Aprendo a aceptar, sin juzgar; construyendo un balance entre lo bueno y lo malo de los sucesos de mi alrededor. 

Estar en mí persona es la clave. Huir de mí misma, es alimentar al problema.

Después de todo, meditar es estar conmigo misma. Es aprender a aceptar la realidad con la cual me enfrento, más allá de los juicios de valores aprendidos.

Meditar es el proceso de tomar conciencia de lo que pasa en mi interior, en comparación con lo que está sucediendo en mi entorno.

Quizá suene sencillo, quizá no. Lo que no suele ser fácil es comenzar; dar el primer paso por el sendero meditativo.

Cuando me desacostumbro a meditar, este sendero tiene una entrada poco llamativa, que no parece milagrosa, que no llama a otra cosa que a perder el tiempo. Pero una vez que doy el primer paso a través de este camino, logro ver su encanto y percibir su energía positiva. Mientras más me sumerjo en las profundidades de este sendero, me re-encuentro con mi bienestar: se expande mi capacidad respiratoria, aumenta mi capacidad de concentración, mi mente y cuerpo se llenan de energía, dejo ir pensamientos que tan fácilmente han desviado mi atención.

La práctica ayuda; se trata de lograr constancia. Aunque es normal que las distracciones salten desprevenidamente.

Imagino que, quienes irrumpen en el camino de mi viaje meditativo, son duendes malévolos que se entrometen para llamar mi atención. Traen recuerdos del pasado y preocupaciones del futuro, esperando distraerme y alejarme de mi estado de armonía. 

Sin embargo, soy consciente del trabajo que me toma llegar a este estado ceremonioso y de los beneficios que este me aporta; por ende, logro ignorar a esos duendes cuyas intenciones no son otra más que ponerme a prueba.

Una luz ilumina y enfoca a esas criaturas. El trabajar en la meditación me enseña la fortaleza necesaria para hacerlas a un lado o simplemente ignorarlas, concentrándome en el aquí y ahora, sabiendo que este es el espacio para trabajar en mí misma.

Algo de lo que soy consciente al meditar es de la quietud del tiempo y del espacio que me rodean. Todo a mi alrededor queda en silencio y mi interior logra sumergirse en un estado de paz en el que nada ni nadie me apura. 

Me animo a caminar por ese sendero. Aunque por entre medio de los árboles aparezcan los duendes amenazando con irrumpir en mi camino. Pero me muevo con confianza, dispuesta a expandir mi conciencia y trabajar en mi bienestar. 

Si van a haber interrupciones, las dejo ser, pero no reparo en ellas; las dejo que circulen hasta desvanecerse.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s